El matrimonio
El género femenino lo exige y lo
espera todo del masculino, a saber, todo lo que anhela y necesita. El
masculino le pide al femenino, en principio y fundamentalmente, solo una
cosa. De ahí que haya sido necesario crear la institución según la cual el
género masculino puede obtener la sola cosa que pide, a cambio de asumir el
cuidado del todo, incluyendo el cuidado de los hijos surgidos de la relación;
en esta institución se cifra el bienestar de la totalidad del género femenino.
No se va al matrimonio en busca
de una conversación ingeniosa, sino para engendrar hijos; el matrimonio es una alianza
de corazones, no de mentes. El que las mujeres a veces afirmen haberse
enamorado del espíritu de un hombre no deja de ser una pretensión frívola y ridícula,
o acaso la exageración de un ser anormal.
Casarse sólo por “amor” y
ni lamentarlo enseguida, es más, el mero hecho de casarse, es como meter la
mano en un saco, esperando sacar a ciegas una anguila entre un montón de
serpientes.
En nuestro segmento monogámico
del mundo, casarse significa reducir a la mitad los derechos propios y duplicar
sus obligaciones.
Casarse consiste en hacer todo lo
posible para provocarse asco mutuamente.
Los matrimonios felices, como
bien se sabe, son escasos.
Las leyes europeas del
matrimonio equiparan a la mujer con el hombre, y parten, por lo tanto, de una
premisa falsa.


4 comentarios:
schopenhauer todo un casamentero... ¿Estuvo casado?
No consta que lo estuviese. Hoy día sería considerado un "incel".
ya me lo pensé, ganas no se le veían... tiene un ensayo fácil de leer que se editó bajo el título, si no recuerdo mal, "del amor, las mujeres y la muerte" donde luce una misoginia recalcitrante...
Una de las cabezas privilegiadas de la humanidad
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