TWITTER

martes, 19 de mayo de 2026

Clásicos malditos

 


El matrimonio

El género femenino lo exige y lo espera todo del masculino, a saber, todo lo que anhela y necesita. El masculino le pide al femenino, en principio y fundamentalmente, solo una cosa. De ahí que haya sido necesario crear la institución según la cual el género masculino puede obtener la sola cosa que pide, a cambio de asumir el cuidado del todo, incluyendo el cuidado de los hijos surgidos de la relación; en esta institución se cifra el bienestar de la totalidad del género femenino.

No se va al matrimonio en busca de una conversación ingeniosa, sino para engendrar hijos; el matrimonio es una alianza de corazones, no de mentes. El que las mujeres a veces afirmen haberse enamorado del espíritu de un hombre no deja de ser una pretensión frívola y ridícula, o acaso la exageración de un ser anormal.

Casarse sólo por “amor” y ni lamentarlo enseguida, es más, el mero hecho de casarse, es como meter la mano en un saco, esperando sacar a ciegas una anguila entre un montón de serpientes.

En nuestro segmento monogámico del mundo, casarse significa reducir a la mitad los derechos propios y duplicar sus obligaciones.

Casarse consiste en hacer todo lo posible para provocarse asco mutuamente.

Los matrimonios felices, como bien se sabe, son escasos.

Las leyes europeas del matrimonio equiparan a la mujer con el hombre, y parten, por lo tanto, de una premisa falsa.


4 comentarios:

tolerancio dijo...

schopenhauer todo un casamentero... ¿Estuvo casado?

Reinhard dijo...

No consta que lo estuviese. Hoy día sería considerado un "incel".

tolerancio dijo...

ya me lo pensé, ganas no se le veían... tiene un ensayo fácil de leer que se editó bajo el título, si no recuerdo mal, "del amor, las mujeres y la muerte" donde luce una misoginia recalcitrante...

Anónimo dijo...

Una de las cabezas privilegiadas de la humanidad