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lunes, 4 de julio de 2016

De la ubicuidad



Con Ciudadanos, y en especial con Rivera, bien puede decirse aquello del niño en el bautizo, el novio en la boda y el muerto en el entierro. Dónde irá el buey que no are, o que no sea vilipendiado; y así, con motivo de los fastos del orgullo gay en Valencia, Ciudadanos, como todos los demás, allí se plantó con su carroza o vehículo asimilado para recibir improperios, insultos de fascistas y alguna que otra agresión. Que la política es la lucha por el poder está muy claro y no es necesario extenderse en ello más allá del enunciado, pero en el caso del partido naranja es ansia más que lucha.

En muchas ocasiones el don de la ubicuidad del líder roza lo divino, como no podía ser de otra manera, y el día después de las elecciones generales andaba el hombre por Madrid y por Bruselas a la vez, quizá porque pensaba que tras el Brexit su presencia y ánimo eran fundamentales en la deprimida capital europea del momio. Como dejó escrito Shakespeare, el que espolea demasiado, enseguida se sofoca, y el que devora ávidamente, se ahoga. Y ya más castizo, no siempre aquello de maricón el último tiene que ser malo, que ya dicen que los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

jueves, 30 de junio de 2016

Lo viejo



Ayer, el Parlamento catalán, una institución libre de toda sospechosa y carente de cualquier escrúpulo, decidió cesar al director de la oficina antifraude de esa comunidad por las conversaciones con el gafe Fernández Díaz. Estaba cantado, pero lo que no estaba tan cantado era que Ciudadanos se aliase con todos los grupos parlamentarios, excepto el grupo del gafe, para ejecutar ese cese. La cosa es tan novedosa que algunos medios en la órbita nacionalistas resaltan la hazaña y muestran a Junqueras aplaudiendo a un diputado de Ciudadanos tras su intervención. Con lo fácil y hermosa que hubiese resultado la abstención.

Decían que Ciudadanos era  la nueva política, pero esto es viejo, muy viejo: la historia de siempre, la de los acuerdos de los dos grandes partidos de ámbito nacional con los nacionalistas, una norma no escrita que es uno de los pilares de la martingala del 78. Pero antes todas estas trapacerías se vendían mejor con la excusa de la gobernabilidad del Estado, pero ya no tienen sentido ni justificación desde que los nacionalistas se echaron al monte en pos de la secesión. No hay más: Ciudadanos es viejo, y mucho, tanto como Giaruta agarrando una guitarra en plan viejo y progre cantautor para decirnos-oh, cielos-que el Mediterráneo va desde Algeciras a Estambul.

lunes, 27 de junio de 2016

Paisaje después de la batalla



Al final no hubo sorpasso sino hostiazo. La gente, ese sintagma que ha acuñado el tío de la coleta, se ha quedado con la miel en los labios, viendo así frustradas sus expectativas de transformación de la sociedad, hartos como estaban, y siguiendo la retórica marxista, de interpretar el mundo que les  ha tocado en suerte vivir, y decimos en suerte porque sus dirigentes, principiando por el tipo de la silla supersónica, viven del momio de la política y de la siempre segura nómina de la función pública, empleos de las élites extractivas que rigen nuestros destinos desde que se aprobó la reforma política, preámbulo de la carta fundacional.

Pero enfrente tenían a una élite superior de funcionarios, más curtidos y con más trienios en el Régimen, torpes en el manejo de la propaganda pero hábiles a la hora de sembrar el pánico-aunque sea con un Brexit que nos importa un rábano-entre un electorado mucho más conservador que ellos mismos y que además es inmune e indiferente a la corrupción con la que el partido lleva años lucrándose. La historia ha vuelto a repetirse como farsa: ganan y pierden los mismos. Así que la gente deberá esperar otro envite, o simplemente transformarse, mutar en eso que tanto detestan, la casta: las condiciones objetivas ya las atesoran, sólo deben esperar lo que el sistema les garantiza, que es la alternancia.