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jueves, 30 de septiembre de 2010

Bares


Independientemente de las cifras, una corruptela como cualquier otra, el éxito de una huelga debe medirse por el número de bares que permanecen operativos, pues ese y no otro es el motor de una economía de servicios como la nuestra. Más bares abiertos que nunca en un trance similar, poco a poco y con una cierta timidez según amanecía y sin ningún pudor a medida que avanzaba el día, con la persiana bien subida y la cocina a toda marcha, que ya llegará la ley antitabaco en enero y no es cosa de dejar vino en las bodegas. Fracaso absoluto, como acredita la jeta de un Corbacho desolado.

En una comedia relativamente bien pactada, para eso cobran liberados y ministros de la misma caja, ni los funcionarios han parado lo esperado ni la policía ha repartido más leña de la que ordenaba la superioridad, no sea que con muertos de por medio tengamos que darnos una ley de huelga como mandan los cánones, con penas de prisión para combatir la coacción. En la vanguardia de la lucha, qué feos, los rostros airados y biliosos de siempre, el dedo índice amenazante como metáfora de la información piquetera; en la retaguardia, bien cómodos en su indigencia intelectual, los muñidores de la cosa, tranquilos y reposados saboreando un momento que parecía no llegar nunca. Pan para hoy.

Mucho antes de que cayese el Muro, muchísimo, vimos el eclipse de la revolución en aquel obrero que adquiría un apartamento en la playa, una casa en la montaña: reventado el mercado inmobiliario para muchos años, la baza del sistema capitalista para desactivar futuras milongas sobre derechos irrenunciables debe ser la promoción de cruceros todo incluido, la inmensidad del océano y una tumbona como auténtica conquista social. Mientras llega el Bismarck que lo articule, beneficios fiscales para los bares, por favor.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Responsabilidad



A trabajar, pues como dijo aquel cursi americano, no te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país. A trabajar, compañeros.

martes, 28 de septiembre de 2010

Justicia rápida


Hay tipos que tienen mala suerte, que parecen levantarse cada mañana con el pie izquierdo, o estar siempre en el lugar equivocado y con la peor compañía: gentes, en fin, que entran en un casino para tomar una cerveza y pierden hasta la camisa. Con igual rapidez que su juicio por un delito contra la seguridad vial, Jesús Neira ha pasado de héroe a villano, de ángel a demonio, y todo enmarcado en un absurdo proceso en el que a partes iguales han confluido la escasa fortuna y el error de cálculo, auxiliar a quien no debía y ponerse en manos de políticos oportunistas, tomarse unas copas-quizá para celebrar su resurrección-y conducir un coche ante las narices de un celoso policía. Tras su última fechoría, y una vez devueltas medallas y condecoraciones que ya nada valen, a este hombre sólo le queda el exilio, pena en teoría mucho más grave que la de multa o retirada del carné de conducir, pero que sin duda le permitirá gozar, dentro del más humilde anonimato, de la suficiente tranquilidad para escribir unas memorias que deberían principiar con aquella frase de Napoleón III: quien sirve a un estado sirve a un ingrato.