
miércoles, 30 de diciembre de 2009
lunes, 21 de diciembre de 2009
Líderes de masas: genios y bufones

Antes, hace ya muchísimo tiempo, la izquierda tenía glamour, un hábil manejo de la propaganda y una enorme capacidad de convicción. Uno de sus arietes fue Willi Münzenberg, alguien capaz de movilizar a media Europa, desde obreros y estudiantes a mecenas de la burguesía e intelectuales, en beneficio de la causa estalinista; un tipo brillante que tras el éxito de su Libro Pardo sobre el nazismo le decía a su amigo Arthur Koestler que daba igual si lo relatado en esa obra era cierto o no, pues lo importante era su efecto propagandístico. Su capacidad de seducción era tremenda-a los intelectuales que le seguían los bautizó como el club de los inocentes- y frecuentaba los mejores salones europeos porque allí era donde estaba el dinero y él, millonario rojo, era el encargado de repartirlo según las indicaciones de Moscú y las necesidades del agit-prop y la subversión.

Más de setenta años después y en un lugar tan cutre como España, la izquierda es tan radical y sectaria como en los tiempos de Münzenberg, pero carece tanto de glamour y brillantez y tan escasa es su capacidad de movilización que debe echar mano de personajes tan ridículos como este Monzón frentepopulista y castizo, un tipo tan chistoso como siniestro que lo mismo incita al linchamiento de todo aquel sujeto que no milite en la secta como sube a una tribuna para dirigirse a una legión vertical de funcionarios sindicales que exigen más y mejor reparto del paro y la pobreza. Y es que cada país aporta a la historia lo que puede, no más.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
Ernst Mundt

Por Bremaneur
El 4 de septiembre de 1962, Ernst Mundt quiso huir por el sumidero de la libertad. Nació el 2 de diciembre de 1921 en Bad Polzin, actualmente Polczyn-Zdroj (Polonia). Residía en Prenzlauer Berg, uno de los barrios del este de Berlín. Carpintero de profesión, vivía solo en un piso cuya renta pagaba gracias a una pensión por invalidez. Al parecer, mantenía contacto por carta con su madre, que estaba al otro lado del muro. Ese cuatro de septiembre, Ernst Mundt cogió su bicicleta y se dirigió al cementerio de la Bergstraße. Se dirigió al muro. Cuando estaba a unos cincuenta metros, le vio un suboficial de la Grenzpolizei (policía de la frontera). Disparó un tiro de aviso cuando Ernst Mundt había avanzado unos veinte metros más. Y cuando sólo se encontraba a unos dos o tres metros del muro, cayó por un segundo disparo que le dio en la cabeza. El disparo se había efectuado desde unos cien metros y, por lo que dicen, el sombrero de Mundt voló por encima del muro, hasta la zona oeste. Ernst Mundt, herido de muerte, falleció poco después en un hospital militar. La zona cercana al lugar donde Mundt murió fue acordonada, y unas treinta personas se apostaron para ver lo sucedido. Al otro lado del muro, en el agujero de la libertad, se apostaron varios vehículos médicos y militares cerca del bar Bernauer Eck y unos ciento cincuenta curiosos y testigos. Honecker fue debidamente informado al día siguiente. Los oficiales encargados del puesto de vigilancia fueron condecorados. Se llegó a decir que incluso la mujer de Mundt había felicitado a los asesinos de su marido. Extrañado por semejante actitud, y al ver que los datos no coincidían (creía que Mundt era soltero), decidí preguntar al Centro de Documentación del Muro, que tuvo que revisar sus documentos y borrar de la página web esa información, que era falsa. Actualmente la zona del muro de la Bernauerstraße, que incluye el cementerio donde Ernst Mundt fue asesinado, está siendo reformada para crear un memorial que explique cómo se construyó el muro y cuál es la esencia de su abyección.
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