En Barcelona, ciudad sin ley, un
hombre de más de sesenta años se desplaza en silla de ruedas y toma asiento en un
banco para tomar el sol primaveral. De repente, un extranjero de los habituales
para estos menesteres se acerca con ánimo de ave de rapiña y le arranca una
cadena, ante lo que el hombre de más de sesenta años se defiende con una
pequeña navaja y el presunto delincuente, herido de muerte, pasa a mejor vida
mientras emprendía la huida.
Consecuencia de lo anterior es que el
hombre en silla de ruedas acaba en prisión provisional, comunicada y sin fianza
por un delito de homicidio. ¿Reiteración delictiva? No lo parece. ¿Riesgo de
fuga? Quia. Al hombre en silla de ruedas y que necesita oxígeno de manera permanente
le han hecho un bocadillo entre juez y fiscal, algo habitual entre ropones de reconocido prestigio. Ahora,
y tras una cierta presión popular, parece que la fiscalía recula y dice que
pedirá su libertad si se acredita que el hombre está en una situación
vulnerable. Terrible redundancia, la de la vulnerabilidad de la víctima del
delito. Pleitos tengas y los ganes.

cosa que no le restrinjan el uso de la botella de oxígeno, una hora al día, como la hora de paseo diaria en el patio... yo le otorgaba una medalla pensionada
ResponderEliminarTodo el asunto es asqueroso, repugna a la moral más básica, al sentido de justicia elemental. Con todo el patrón está lejos de ser una aberración singular o extraña...se han retorcido tanto los argumentos, los principios y fundamentos de la lógica universales que ya es práctica común ver estas deposiciones.
ResponderEliminarEs una sociedad de lunáticos.